• Lic. Adriana Guraieb

Sola pero no aislada


Es visible que en las grandes capitales se ha incrementado la soledad. Durante muchísimo tiempo, y aún ahora, se ha considerado que estar solo es equivalente a no pasarla bien, a tener un déficit psicológico y social. Podríamos decir que la soledad tiene mala prensa pues se usa el concepto como un juicio de valor y como un déficit.


En los últimos años se ha incrementado la cantidad de personas que viven solas: solteros como estado civil pero que no se sienten solos en cuanto al estado anímico. Porque se puede estar acompañado estando soltero y se puede estar solo estando acompañado.

Una de las objeciones más importantes por la que la amplia franja de solteros adhiere a ser solo, es que el precio por estar acompañados muchas veces es renunciar o sacrificar la autonomía y favorecer la dependencia.


En los últimos años se ha producido un enriquecimiento del concepto de la soledad, en tanto implica no depender de la mirada, el juicio reprobatorio de quien nos acompañe y adquiere relevancia la responsabilidad de hacernos cargo de nuestras vidas, de nuestros errores y de nuestros logros.


Comenzar a contar con uno mismo y depender de uno mismo como antes lo hacíamos de los otros. Esta valoración de la soledad no implica excluir estar en pareja, pero sí incluye una pareja con una distancia óptima que favorezca el desarrollo personal de cada uno de sus miembros, nada de pegoteo, ni simbiosis, ni adicción a los vínculos, una relación desde la aceptación de que no se vive para el otro, sino que se comparte con el otro.


Vivamos solos o acompañados es imprescindible permitirse y permitir espacios de soledad y en ese silencio, en esa introspección es donde descubriremos, ampliaremos nuestra vida interior, nuestra riqueza subjetiva, favorece “tener vida propia” y no vivir “la vida del otro”.


La capacidad de estar a solas, como escribió el genial psicoanalista D.Winnicott, fortalece la posibilidad de conocer los recursos personales tantas veces ocultos e ignorados, por lo que se convierte en un verdadero aprendizaje, soledad positiva, fructífera, que fomenta la madurez emocional que tanta falta nos hace en la vida.


Si pensamos así la soledad estaremos siempre acompañados por amigos, compañeros, actividades solidarias, y por tanto, el no estar en pareja dejará de ser un estigma. De esta manera podremos recorrer el camino que va de la soledad padecida a la soledad elegida.

© 2020 Todos los derechos reservados para Lic. Adriana Guraieb

Diseño y desarrollo: iMNi Marketing